Luego quedó una mujer madura que mientras observaba como el tatuaje de un gato con sus cuatro patas para arriba se tatuaba en la espalda del gigantón, se comía sus uñas sin contemplación. Supuse que estaría más nerviosa que yo.
- ¿Tú primera vez? –pregunté.
- Sí. Nunca me han tatuado. Será mi primer gran tatuaje. Por fin me decidido ¿Y tú?
- Igual, pero estoy tan alarmado y tengo mucho miedo –respondí.
Entonces la mujer dejo aflorar en sus labios una pequeña sonrisa, como si con aquello pudiera enternecerme y hacerme olvidar el miedo que me daba someterme a la implacable aguja. Después, cuando fue el turno de la mujer, la chica que tatuaba le realizó un bonito símbolo chino custodiado por dos dragones en su espalda. No era un dibujo grande, pero sí con mucho detalle. De vez en cuando la mujer esbozaba algún gesto de dolor pero prontamente volvía a relajarse.
Ver como la tatuadora realizaba los tatuajes logró distraerme y hacerme olvidar de mi propio tatuaje. En realidad me enfoqué de lleno en su actividad y puse en pausa mi mente. Seguramente fue algo similar a abrir un agujero en medio del plano donde yo estaba y otro paralelo, luego ingresar una pierna, luego la otra y finalmente mi cuerpo, olvidándome así por completo del plano de mi propia realidad. Estando en ese trance y con tal grado de concentración pensé una sola cosa: ¿cuál sería mi tatuaje? ¡Claro!, ¡aún no lo había decidido! , ¡¿Quién sería tan idiota para ir a una casa de tatuajes, sentarse, esperar nerviosamente, y no saber aún qué se tatuaría?! La respuesta era simple: yo.
Al tocarme el turno la chica despide sonriente a la mujer adulta y me hace señas para ingresar. La mujer pasa por frente mío y me sonríe.
- No es nada. Es solo un picor, y nada más. No tengas miedo –me dice.
La tatuadora me hace sentar en el banco y con una dulce mirada me pregunta que tatuaje deseo hacerme.
- No lo sé ¿me ayudarías? Es que solo sé que quiero tatuarme, pero aún no he decidido cual motivo o diseño es.
- ¿Lo dejas a mi elección? –preguntó ella.
- Totalmente –respondí encantado por su belleza.
Había decido hacerlo en mi pectoral derecho. No muy grande, de unos siete centímetros aproximadamente. Una vez aclarado eso ella comenzó su trabajo. Puse mi mente en punto muerto nuevamente y me concentré a estarme tranquilo en el otro plano al cual me había pasado y que no era precisamente el de mi realidad. Sentí como la aguja trabajaba laboriosamente sobre mi piel. Cada tanto, cuando ardía, cerraba mis puños con fuerza y la chica me tranquilizaba con una sonrisa o hablándome de algo. Al cabo de casi una hora pasó un paño por sobre todo el tatuaje y lo tapó con vendas.
- Ya está listo –dijo- déjatelo así una semana y luego vuelve. No lo mojes. Aséate como puedas, pero no lo mojes.
Después de una semana en la cual mi vida transcurrió sobre rutas de normalidad regresé a la casa de tatuajes. Sentado en el banco y con un espejo en frente la chica quitó lentamente las vendas. Entonces me maravillé al ver aquel dibujo que estaba debajo de mi piel. Era el de una chica, con rasgos asiáticos, que estaba dormida apoyando su mentón sobre ambas manos. De su cabeza salían una especie de tallos en cuyas puntas florecían flores. Pero no eran flores comunes y corrientes, no, eran flores especiales. En sus centros había ojos, calaveras, plantas carnívoras, y también centros normales con sus pistilos. Me encantaba el dibujo pues me transmitía cierta liberación. Sin saber de qué trataba le pregunté a la chica:
- La chica soy yo –dijo explicándome- me imagino así al dormir. Mientras mi cuerpo descansa de mi cabeza emanan sueños feos y lindos. Algunos intentan devorarme, en otros me siento observada, y en otros me siento feliz y me imagino siendo una bonita flor en medio del campo ¿Te ha gustado? –concluyó.
Tras responderle que me había encantado le pagué y salí de la casa de tatuajes maravillado. Jamás regresé. Al poco tiempo aquel comercio cerró y nunca más supe de la chica que tatuaba; sin embargo, fuese donde fuese ella siempre estaría junto a mí, en sueños, en mi realidad, en mis pesadillas. A veces por las noches, al despertar de un sueño, abro los ojos y me toco directamente el tatuaje en mi pecho. Pienso entonces que tal vez es ella, soñando en paralelo conmigo, tal vez diciéndome que esa noche es una bonita flor en medio del campo y que no tenga miedo a las pesadillas, porque después de todo son solo eso, sueños.
(Imagen: http://25.media.tumblr.com/tumblr_ldbj8vCIiL1qbegdpo1_500.jpg )
Buena historia, bien contada, de relajante lectura, bien los personajes (sobre todo el primero, el hombre y su "animal delicado"), genial el final, con una pizca de melancolía que aparece disimulada desde el incio del cuento y se queda ahí, en las últimas palabras, acompañando como la tatuadora.
ResponderEliminarMe gustó mucho.
Saludos
J&R
Tan lejos y tan cerca. Tan absurdamente casual regalarle la opción de elegir algo que se volvería definitivo.
ResponderEliminarTan efímero y tan eterno.
Tal vez es más suya de lo que Ud cree. Tal vez es de muchos otros que ud ignora.
Un poco lo que genera la distancia...
@PALABRAS COMO NUBES:
ResponderEliminarBueno, ¡gracias!, me gustó tú análisis.
@ROSSINA:
ResponderEliminarAsí es...
@SILVIA:
ResponderEliminarGracias Silvia, que pases un lindo finde vos también :)